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EN LA NOCHE DE NAVIDAD

2 Febrero 2014, 04:06am

Publicado por Bego Pérez

EN LA NOCHE DE NAVIDAD

Es la noche de Navidad.

Como cada año, coloqué mi árbol repleto de objetos navideños. Puse la mesa, saque los cubiertos guardados para ocasiones especiales. La mejor vajilla, con la mejor de las decoraciones. Encendí unas velas, con un toque de intimidad. Serví como cada año lo mejor de los majares, y brindé. Reí y disfrute de cada segundo como si ese fuese el último. Canté los típicos villancicos, los de siempre, a coro con pandereta. Sacamos la guitarra y bebimos hasta bien entrada la noche. Se fueron yendo a cuenta gotas, hasta quedarme sola. En el silencio de la noche, cuando ya todo se escucha, me asomé a la ventana.

A través de la ventana, pude observa la noche fría. Había quedado obsoleta, con sus calles vacías. Me quede mirando al infinito, pero mis ojos no pudieron discernir entre la noche y el profundo vacío que había en ella. Recreé un escenario angosto, casi no se podía respirar. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al darme cuenta que era desolador.

Las casas se presentaban vagas, carentes de existencia. Su opacidad me causaba incertidumbre en el lugar. A lo lejos pude ver una luz difusa, unas pequeñas llamas que asomaban con timidez. Casi pedían permiso y unas diminutas manos se alzaban hacia esa tímida llama. Vi como un cuerpo encorvado también se acercaba. Me llamó la atención y me detuve un instante en el lugar.

Recorrí con la mirada todo mi alrededor, lo que antes no percibí, estaba allí. Me quede fija en un punto en un rincón aislado. Había algo que se movía, lo observé durante un instante. Que veía mis ojos…alguien salía de una montaña de mugrientos cartones. Acumulaba cosas debajo de ellos y los protegía como si de un tesoro se tratase. No era capaz de comprender.

Al otro lado de la calle pude escuchar unos gatos maullar, eran insistentes.

¿Qué querían?_ me pregunté, eran molestos y en la noche el maullido daba grima. Me percaté que alguien salía del contenedor de basuras, ¿cómo era posible? Pedían de comer…no, pedían compartir la comida. Ese alguien compartía bocado a bocado su comida.

De repente un nudo en la garganta no me dejaba respirar. De dónde habían salido. Escuché el llanto de un niño, lo busqué entre la nada. Allí estaba en brazos de su madre que lo arropaba, pero no callaba. Insistía en el llanto, pude ver como lo mecía y nada. Se fue alejando despacio sin ánimo, dando tumbos al compás del llanto.

La lluvia dio su entrada, débil en el preámbulo de la noche. Se hacía grande por momentos, violeta. Dejé de percibir a través de la ventana, esa tímida llama. Desapareció la mediocridad de las calles. El vaho empañaba los cristales y un vacío enorme me invadió.

¿Cómo era posible? Un sentimiento de culpa se apoderó de mí. De mi inconsciencia, de mi ceguera. De esa que no me dejó ver que había través de la comodidad de mi casa. Me reconcomía por dentro, pensar en tan suculenta comida en el calor de mi hogar. Con la compañía de quién me quería. Me sentí culpable... de ser afortunada.

Qué sentido tenía la Navidad, paz y armonía se desmoronaban, mientras tanto la vida carecía de sentido. Lloraba en lamentaciones, pedía ayuda a gritos y yo, padecía de sordera. Una vida devastada y en silencio. Una vida castigada por la ignorancia.

No tenía refugio, estaba desolada tras ver la realidad.

Hoy es la noche de Navidad, me asomé a la ventana y pude ver que tras los cristales, como mi mundo perecía en la indigencia.

 

(Asómate a la ventana…)

 


Bego Pérez

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